Hugo Dorantes

Mi (enésimo) blog de siempre

Invitacion

Para que vayan y apoyen. El expositor es mi hermano, y puedo decir que sus escritos me gustan bastante (y no porque sea mi carnal, de hecho su forma de declamar casi no me pasa) pero es una buena oportunidad de apoyar la cultura aqui en Durango.

La cita es el sabado 9 de agosto a las 7.30 PM en galeria puerta del viento (o Café Da Vinci) frente a la Plaza de Armas, a un costado de Cavalier, arriba del Scotiabank.

Y para los que no asistan, aqui una muestra de lo que se van a perder:

Ausencia

Todo el amor que inspiran tus ojos
se aloja unicamente en mi interior calllado,
cuida, meticuloso, cada aspecto
que pueda azorarte y alejarte.

Este amor es sombrío por estar prohibido
hasta en las entrañas de tu misma mente,
es ancioso porque espera salir pronto
de este oscuro, nublado y sofocante lugar;
culminante, pues derrumba cada pose serena
y acaba con mis inquietos y atormentados nervios.

Qué no daría al universo entero
por poseer las agallas suficientes
de correr sin detención hasta llegar
próspero, y y jadeante del exaustivo camino,
al frente tuyo y echarme en la dulzura de tu cuerto;
porque tomaras mis gráciles manos
entre tus manos de seda
o porque abraces mi lánguida figura
esclavizada a tus actos por tu sonrisa.

Pero ¿he visto, si quiera, de nuevo tu rostro?

La lluvia mojó mi cuerpo cabizbajo
y sentado el ocazo ceñió mi vida,
mientras esperaba, inutil, tu llegada.

Mis unicas compañias en aquel momento
es que decaía la luz de día,
fué el estrepitoso ruido forjado
por el viento furioso chocando
en las débiles ramas de los árboles,
fueron los duros pasos de las personas,
cubriendose de la lluvia, golpeando el piso;
fué la melancolía y tirsteza
de no haberte vislumbrado en esta tarde.

Creo que me he enamorado
>de recuerdo que pobló de improviso
todos los rincones oscurs de mi cuerpo,
de alguien que siquiera me recuerda
en sus instantes de osio
y que, seguramente, toma en cuenta mi existencia
tanto como un ateo innato considera la existencia de dios.

A mi solitaria y deprimente partida,
me inmiscuí al pensamiento de mi corazón
tratando de encontrar la causa del por qué
te introduciste con gran celeridad en mi vida,
y, mientras caminaba, adopté la leve esperanza
de entonctrarte en mi camino de regreso
y, así, poder disfrutar juntos de la noche.

Pero esa esperanza quedó enterrada
cuando, mojado y frente a mis ojos;
continué caminando y, sin percatarme,
se encontraba el saludo macabro
de la puerta piadosa de mi hogar.

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